Nueva ambición: Descansar de lo digital
- Iraya Hernández

- hace 55 minutos
- 3 Min. de lectura

Tengo varios grupos de gentes con los que hablo semanalmente o casi. Entre ellos está mi familia, mi pareja, mis amigas, las personas a las que acompaño en consulta, los usuarios de la unidad de psicología y logopedia de la Universidad de la Laguna, las mujeres autónomas y empresarias con las que comparto red… Tienen edades distintas, energías distintas, gustos distintos, historias distintas.
Es la sensación de no llegar, de estar cansad@s, de ganas de soledad o de menos ruido y menos “cosas cosas” que hacer
Están los que hicieron super cola para conseguir la entrada de Bad Bunny y a los que les encantaría conocer a Silvio Rodríguez (¿está vivo?, lo busco en Wikipedia, sí). En todos estos grupos de gentes percibo la misma sensación. Es la sensación de no llegar, de estar cansad@s, de ganas de soledad o de menos ruido y menos “cosas cosas” que hacer. (Siempre que pienso en cosas que hacer escribo y digo cosas, cosas; porque mi cabeza y, seguramente, también la tuya las gestiona en grupo y no en individual).
Y me pregunto por qué. No digo yo que este desánimo y cansancio colectivo no tenga justificaciones. De una punta a otra del continente hay grandes historias de injusticia, abuso de poder, carencia de valores, propósitos que sólo se miden en euros, yenes, dólares, libras…
Pero… también creo que la gestión del “presupuesto atencional” tiene mucho que ver…
Me explico: Cada día lo empezamos con un recurso mental limitado. No se ve, no se puede guardar, no se amplía. No es tiempo, no es energía. Ese recurso es la atención.
A lo largo del día lo vamos gastando en pequeñas cantidades sin darnos cuenta. Con lo nuevo, lo que brilla, lo que suena distinto, lo que nos hace reír, lo que nos promete estar más “algo”, lo que creemos que puede merecer la pena.
Algunas cosas nos llaman como un gran escaparate super encendido. Fotos, colores saturados, movimiento.
Otras funcionan como juegos de azar, no siempre pasa algo, pero podría pasar y eso nos mantiene pendientes. ¿Tendré un like, no?¿Me contestará, no?
Es el precio de vivir en un entorno donde lo digital se diseña para competir por ese recurso invisible. ¿Será empacho digital?
Y algunas veces el gasto llega sin que haya pasado “nada importante”, sólo con la expectativa, con los ojos, los oídos, las manos y la mente enfocada ahí.
Cuando llega la noche no sabríamos decir en qué se fue. No ha sido un día especialmente duro, pero estás cansada/o. No es falta de voluntad, no es desorden. Es el precio de vivir en un entorno donde lo digital se diseña para competir por ese recurso invisible. ¿Será empacho digital?
Quizás por eso también me he encontrado a muchos con nostalgia por lo analógico y los ritmos más humanos o lentos (me incluyo).
Por lo profundo, la quietud, lo tangible. Por ejemplo, tejer, hacer una taza de cerámica, cuidar de las plantas, pasear sin el móvil en el bolsillo, leer en papel.
Leer en papel es otra cosa. No interrumpe, no acelera, no exige respuesta. Pide presencia. Nos ayuda a conectar con la empatía, la imaginación, la creatividad…
Y no todas estas acciones relajan porque sean placenteras en sí mismas, relajan porque reducen estímulos, decisiones, urgencia.
Ojalá la inercia del consumo digital nos permita volver a conectar con lo tangible y no olvidar que UN CEREBRO FELIZ ES UN CEREBRO CONCENTRADO.



























