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Autopsia al “qué dirán”

  • Foto del escritor: Iraya Hernández
    Iraya Hernández
  • 3 feb 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 4 ene

Autopsia al “qué dirán”

No me negarán que a ustedes también les pasaba… “Tú calladita y no digas tus cosas”, me decía mi madre. Todo aquello que dijera, fuera hecho, pensado o soñado, podía ser utilizado en tu contra. Hay unas normas no escritas de lo que tiene que ser una niña, una adolescente, una mujer adulta joven, una madre, una no madre, una mujer madura, una solterona, una vieja… Hagan copia y pega con lo que tiene que ser un niño, un adolescente “chico”, un hombre joven adulto, un “solterón”... A cada etapa, “sus normas”.


Claro, esas normas no las veía yo escritas por ningún lado. Hacía y esperaba el resultado: ESTO SÍ, ESTO NO. "¿Ese documento está en algún lado en el Ayuntamiento?", pensaba yo de chica. "¿Todos los Ayuntamientos tienen el suyo?".


Cuando ya, de más "grandita”, hablaba con “gentes de ciudad”, se extrañaban de esas limitaciones que estaban grabadas en mi cabeza. "¿Pero qué dirá quién?", me preguntaban. Espera, espera… ¿Ellos no tienen esas normas en su cabeza? Yo, extrañada de ver más espacio libre en esos cerebros… Entonces, ¿tú haces lo que quieres y ya está? ¿No crees que la gente te mira y va poniendo nota a lo que haces? ¡Qué subidón vivir así!


(Risas.)


Ojo, que las normas no son “malas”. Nos ayudan a entender y organizar el mundo, a vivir en sociedad y respetarnos, a diferenciar el bien y el mal, a saber de qué va eso de “tener éxito en la vida”


Ojo, ojo, que las normas no son “malas”. Nos ayudan a entender y organizar el mundo, a vivir en sociedad y respetarnos, a diferenciar el bien y el mal, a saber de qué va eso de “tener éxito en la vida”. La cosa se complica cuando nos damos cuenta de que el “documento de las normas” fue elaborado en la época de mis bisabuelos y, por ahí, no ha pasado ni una goma, ni un típex, ni una actualización.


Sinceramente, a mí las normas me gustan, las buenas me gustan mucho. Los buenos días al llegar, el “adiós, mi niño” cuando nos vamos, el respeto de escuchar al que habla, el “me echo a un ladito de la acera estrecha para que el carrito de bebé pase”, el “cada uno tiene derecho a desarrollarse hacia donde quiera sin hacer daño a nadie”, aunque yo eso no lo entienda ni me guste mucho.


Pues eso… les invito a repensar las normas no escritas y a saltarse aquellas que, por definición, están hechas para escachar y no para elevar. ¡Y QUE DIGAN LO QUE QUIERAN!

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