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Feliz 2026 y otros deseos

  • Claudia Álamo
  • 4 ene
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 5 ene

Feliz 2026 y otros deseos

¿Podríamos decir que la Cultura se está volviendo una fiesta temática?

Tras un intenso 2025 en el que, si hablamos concretamente de El Hierro, la protagonista fue indudablemente nuestra ansiada Bajada de la Virgen de los Reyes, podemos decir que entregamos lo mejor de nosotros y nosotras mismas. Meses de preparativos y de vibrante folklore en los que el símbolo de la Madre Amada lució en los lugares más especiales e incluso en los más inesperados.


Pero en esta columna siento la necesidad de ampliar miras y navegar un poco. Llega el 2026, un año que deberíamos recibir con la misma ilusión, pensando en los nuevos propósitos. Es por ello que me gustaría compartir con ustedes esta reflexión y poder leerles, si gustan contribuir a ella.


Desde el mundo artístico y a nivel autonómico, hace tiempo que venimos observando cómo las programaciones culturales se parecen cada vez más entre sí. Si tomáramos las de dos municipios canarios que nada tienen que ver entre ellos, encontraríamos grandes similitudes en la mayor parte de los meses. Y esto no es casualidad, no. La globalización se extiende y lo ocupa todo. ¿Podríamos decir que la Cultura se está volviendo una fiesta temática?



Somos conscientes de que programar una agenda cultural es una ardua tarea y es por ello que empieza a notarse que en los últimos años esta labor se ha ido reduciendo a rodear las efemérides del calendario y a celebrar el Día De. Sí, no sabemos por qué, pero alguien se levanta por la mañana diciendo que es el Día Internacional de algo y allá vamos. Aunque, francamente, considero que este no es el principal problema, pues estoy de acuerdo con que todos y todas merecemos el reconocimiento a nuestra Historia o a nuestra condición.


Hemos pasado de la creación a la repetición

Sin embargo, percibo que poco a poco vamos careciendo de particularidad y originalidad. Hemos pasado de la creación a la repetición. ¿Puede deberse al ritmo frenético que nos hemos impuesto o al desborde de tareas por parte de los y las responsables? Desconozco la razón.


¿Qué puedo decir desde la parte artística? Todos y todas terminamos haciendo y ofreciendo lo mismo. Con el deber de recrearnos continuamente, sobre todo en un circuito limitado como es Canarias, nos encontramos diseñando proyectos para satisfacer unas supuestas necesidades que no sabemos muy bien de quién son y para cubrir un día o dos de trabajo, con suerte, de trescientos sesenta y cinco. Pero, sobre todo, nos vemos redactando los mismos dosieres y actuando en espectáculos que se enfrentan a competir para rellenar agendas, perdiendo calidad e identidad. Por no hablar de que en ciertos lugares se ha convertido en un reparto de cromos. ¿Al mejor postor? No. Al más rápido, sin concurso o criterio. Lo importante es ir pasando las hojas del calendario.



Cuando leo un folleto o analizo un cartel, me pregunto: ¿Acaso no leemos libros a pesar de no estar en el mes de abril? ¿Seremos tan canarios si bailamos tantas folías en enero como en mayo? ¿Podemos las mujeres trabajar dignamente y sin estrés cuando no sea marzo o noviembre? ¡Me recuerda a cuando se escapa un villancico fuera del período navideño y nos resulta hasta incómodo! Sin embargo, me parece de lo más tierno escuchar a un niño cantarlo sea cual sea el momento y extender los pilares de la Navidad al resto del año. Que, por cierto, buena falta nos hace con el mundo que nos está quedando.


Estamos reduciendo las posibilidades de disfrute, emoción y aprendizaje

Bajo mi experiencia, me niego a pensar que las semanas tienen un solo contenido, que se vive bajo un solo valor o peor, me niego a creer que ese valor se practica una vez al año. Estamos reduciendo las posibilidades de disfrute, emoción y aprendizaje. Estamos negándonos a la diversidad, a descubrir y a disfrutar de la singularidad: a escuchar un cuento porque sí y sin que nos transmita necesariamente una enseñanza o a escuchar determinados estilos a pesar de que no sea “su día”. Pero iré más allá, nos estamos perdiendo en reivindicaciones puntuales y vacías y, además, obligando a profesionales del ámbito artístico a sobrevivir con miedo, en la inestabilidad económica y emocional de pensar qué meses serán los buenos y cuáles serán malos, en que tendrán que crear un producto en el que no tienen experiencia o ni siquiera creen.



Cuidado con pintar de un solo color nuestras programaciones. Cuidado con categorizar las semanas o los meses de nuestra agenda y de nuestra vida. Ya sucede en los centros escolares que, por cuestión organizativa, se celebran o conmemoran determinados días. Pero no estamos en un colegio y, repito, la cultura no es una fiesta temática. La cultura, por naturaleza, es amplia y plural. Y todo lo importante y verdadero debe cuidarse, pues el tiempo adecuado es siempre. Aquí dejo mi carta a sus majestades, Los Reyes Magos. ¡Feliz año y próspera programación cultural!

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